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¿Y si fuera nuestra pareja la persona que menos conocemos? Loreak.

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Nuestros líderes

Uno a veces piensa en qué es la maldad, quién la representa. Tal vez el dinero. Las drogas. O la religión. Tal vez las armas. Tras reflexionar un rato, uno piensa en el poder. Sí, el poder, así de forma general. Y con el poder, tal vez nos vamos acercando. Pero posiblemente la gran tragedia de la humanidad sean los líderes.

We Come As Friends, un documental sobre África, el lugar donde la especie humana se originó.

Una broma pesada

Voy al cine. Pero no es un cine. Enfrente de la línea de butacas, hay una repisa con carta. Sal, pimienta y ketchup. Al poner una pizarrita de plástico en posición vertical, alguien viene a tomarte nota. Me pediré una hamburguesa. Me trajeron también patatas fritas. Las luces se apagarán, pero las luces no se apagarán, tan sólo se atenuarán. Proyectarán una película, pero no será una película. Con actores y actrices, con trama y desenlace. Pero me siento (mal)tratado como si fuera un niño, a veces de seis, otras de doce años. Ciertamente como si tuviera el entendimiento del mundo de un niño de esa edad: caras angelicales, amores infantiles, violencia buena, violencia mala, qué malos son los malos, qué buenos son los buenos, el cuerpo femenino como mito, lo primero es la familia (la propia), todo fue un sueño. Sí, pero no.

No tengo a nadie, ¿seré pues, libre?

Hace un tiempo me explicaron que la necesidad de amar no era sino elegir bien a quién te hará daño. Nada fácil, de acuerdo, ya que mientras que la felicidad que provee el amor es claramente inconmensurable, cierto; el ámbito general para el sufrimiento es ilimitadamente superior. Así, llego a La vie devant soi, una joya, delicada, bella, sobria y de alguna forma serena y profundamente triste.

Desde que presto más atención a las recomendaciones culturales de mis amigos en detrimento de las de los diarios comerciales, duermo menos. Y soy más feliz.

They’ve gone

Yo tenía un amigo, no sé si me entienden, que tenía unos amigos muy pijos. Con casa de piedra y blasón familiar. De los que tienen tierras. El chico se ha hecho abogado. La verdad es que siempre llevó un peinado perfecto. Ahora trabaja para un bufete de esos que juntan dos nombres de fonética peculiar. Justo hace poco se ha casado, por cierto. Una vida ejemplar.

Mi amigo me contaba, que hace unos años, estaba con estos amigotes en Salou. Alcohol, playa, tiempos locos. Justo debajo del apartamento que alquilaron, un primer piso, había un restaurante chino. Aquel niño de papá tuvo la brillante idea de bajar a una tienda de souvenirs y comprar una bandera de Japón, la más grande que tenían, gigante, para colgarla en el balcón. Que se jodan los del restaurante chino, reía. Un angelito.

Funny Games es pura ficción. Aunque, os propongo un juego. Intentar descubrir, desde hoy por la mañana, actos de violencia gratuita a vuestro alrededor. Os apuesto a que antes del mediodía estaréis sorprendidos.

Last date

Resulta que aquí la gente no liga, sino que tienen citas. Eso de beber hasta que no distingues la mano derecha de la izquierda, meterse en un bar oscuro lleno de humo con tus amigotes y mantener una actitud como si fueras el primo del dueño; eso, no les va. Es más tipo entrevista de trabajo; hay que demostrar intereses comunes, simpatía y validez. Todo empieza cuando os cruzáis por un pasillo un martes, el jueves habláis del tiempo y a la semana siguiente, a las 19h, estáis tomando un café. A pleno sol. Circunstancias diferentes, actitud diferente. Olvídate de pretender ser una mezcla perfecta entre el Bardem de Jamón Jamón y Guti. Una buena guía para aprender a cómo comportarse, Harold and Maude.

El miedo

Man Friday es una fantástica película para una noche fría, con nieve. La historia ocurre en una perdida isla tropical. A un sitio tan exótico y lejano tenemos que ir para poder ganar perspectiva y ser conscientes de todas las decisiones que tomamos inspiradas en el miedo. Seamos sinceros y coherentes e intentemos discernirlas: todas aquellas acciones, desde nuestro día a día, hasta los proyectos vitales, que tienen su razón de ser en el miedo, la vergüenza, la presión social. Son tantas que uno se pregunta si, tal vez, uno sería más libre en una tribu amazónica que en la sociedad occidental.