Una broma pesada

Voy al cine. Pero no es un cine. Enfrente de la línea de butacas, hay una repisa con carta. Sal, pimienta y ketchup. Al poner una pizarrita de plástico en posición vertical, alguien viene a tomarte nota. Me pediré una hamburguesa. Me trajeron también patatas fritas. Las luces se apagarán, pero las luces no se apagarán, tan sólo se atenuarán. Proyectarán una película, pero no será una película. Con actores y actrices, con trama y desenlace. Pero me siento (mal)tratado como si fuera un niño, a veces de seis, otras de doce años. Ciertamente como si tuviera el entendimiento del mundo de un niño de esa edad: caras angelicales, amores infantiles, violencia buena, violencia mala, qué malos son los malos, qué buenos son los buenos, el cuerpo femenino como mito, lo primero es la familia (la propia), todo fue un sueño. Sí, pero no.

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