They’ve gone

Yo tenía un amigo, no sé si me entienden, que tenía unos amigos muy pijos. Con casa de piedra y blasón familiar. De los que tienen tierras. El chico se ha hecho abogado. La verdad es que siempre llevó un peinado perfecto. Ahora trabaja para un bufete de esos que juntan dos nombres de fonética peculiar. Justo hace poco se ha casado, por cierto. Una vida ejemplar.

Mi amigo me contaba, que hace unos años, estaba con estos amigotes en Salou. Alcohol, playa, tiempos locos. Justo debajo del apartamento que alquilaron, un primer piso, había un restaurante chino. Aquel niño de papá tuvo la brillante idea de bajar a una tienda de souvenirs y comprar una bandera de Japón, la más grande que tenían, gigante, para colgarla en el balcón. Que se jodan los del restaurante chino, reía. Un angelito.

Funny Games es pura ficción. Aunque, os propongo un juego. Intentar descubrir, desde hoy por la mañana, actos de violencia gratuita a vuestro alrededor. Os apuesto a que antes del mediodía estaréis sorprendidos.

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