Dignidad

Osman Orsal

Osman Orsal

En Túnez, hace unos años, un frutero ambulante a quién la policía requisó el género por no tener papeles para vender fruta. Ahora, una manifestante por que no talen los árboles de un parque en Istambul. Dos símbolos.

Un amigo turco me cuenta que no servirá de nada: tarde o temprano construirán un centro comercial en lo que hoy es un parque. La verdad es que Erdogan sigue con su actitud de pandillero. No sé si en Túnez se vive mejor ahora. Tal vez no.

La fotógrafa escapa. Otra persona se protege la nariz y la boca. Ambas miran al suelo, huyen. De un modo similar, los policías se mantien invariables, casi, qué ironía, ausentes. Menos uno. Que agrede. Ensañándose. Se adelantará un paso. Dos, tres y hasta cuatro pasos dará, persiguiendo a la mujer. Ella girará los hombros, seguirá allí. En la soledad de la dignidad. Tan sola y despreciada que ni siquiera ha merecido el centro del encuadre, como si el importante fuera el agresor.

Seguro que en Túnez la vida sigue como hace unos años. Seguro que los árboles de Gezi caerán. Pero gracias a un frutero y a una mujer de rojo, sabemos qué es la dignidad.

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