Hipocresía

Cada día, al viajar en autobús, estoy convencido de que hoy sí, hoy me van a partir la cara. Vivo en una ciudad del tamaño de Zaragoza y la agresividad es la de una ciudad de varios millones de habitantes. Caminar por el downtown de noche, me recuerda a algunos escenarios de reportajes de Jon Sistiaga. La semana pasada hubo un tiroteo. El que salió en las noticias no, otro. En esta ciudad, de las más seguras de USA, dicen, en los últimos 4 meses ha habido 21 asesinatos. En este país hay 88 pistolas por 100 habitantes.

Ahora… prueba a entrar en un bar. Cada vez que uno interactúa con alguién que te va a cobrar, te pregunta cómo te va el día, te sonríe, ay, pues si no tienes nada de acento, ¿y de qué parte de España? Son todo amabilidades, te hacen sentir el centro de todas las atenciones, ¿quieres un platito o lo prefieres en una bolsita? ¡Disfruta del día,  que hoy es viernes! Te preguntan si todo es de tu agrado, al menos una vez si pides un vino; mínimo dos si además pides algo para picar. Sí, la mierda de fritos estos están fantásticos y el vinacho este genial, gracias.

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Wandernburg

Hacía años que no me enganchaba tanto un libro, de esos en los que el final te da un poco lo mismo (te dices) porque lo has disfrutado tanto leyendo, página a página, que el final, es lo de menos. Podría decir que describe detalles que crean mundos, mundos tuyos, que ya los intuías, pero que no has sido capaz de articular. Que la trama es apasionante. Que es divertido. Que te enseña; te enseña como un abuelo a un nieto, a ser mejor persona sin tú ser consciente. Con historias fabulosas que se desarrollan en 400 páginas, y otras igual de complejas en un párrafo de 20 líneas.

Y lo mejor de todo es que me lo regalaron. Gracias. El viajero del siglo, Andrés Neuman.

Dime cinco marcas

El otro día fantaseaba con tener una identidad falsa. El primer paso sería hacerse una cuenta de correo electrónico. Desde los romanos hasta la adolescencia de mi generación, la res publica ha sido siempre la plaza, ahora es twitter. Pensé, podría elegir un nombre vulgarmente común, averiguar qué nombre es el más utilizado, el primer y el segundo apellido más común. O, quizás mejor; inventarme un nombre a partir de personas cuyos valores admiro. Por ejemplo, el primer apellido de un hombre admirable. El segundo, de una mujer admirable. Para el primer apellido, tengo que pensar unos segundos para tener dos o tres candidatos. Pero para el segundo, me ha costado mucho más. Hagan la prueba en casa, avísenme si les resulta lo contrario. Maldita sociedad machista.

Signos

En la sociedad en la que vivo, la violencia está a flor de piel. El casero te dice que no le escribas mails el domingo, que es su día libre. Un desconocido te increpa en el bus, a las 18h de un jueves, en hora punta, porque según él, estabas demasiado cerca y le parecía raro (sic). Una amiga me cuenta que le tirotearon cuando iba en bicicleta. Era de noche, por un barrio solitario, alega, como si fuera su culpa.

Libertad

Resulta que hay unas neuronas en el cerebro, que los científicos las llaman VTA. Han visto que estas neuronas también las tienen los ratones. Como los científicos son así, mira, ya han descubierto que estas neuronas les gestionan el apetito, o mejor dicho, la sensación del apetito. Tampoco es que lo hayan descubierto mirando por la ventana un día lluvioso, mientras suspiraban; no, han cogido unos virus, los han modificado genéticamente para que atacaran específicamente a esas neuronas y entonces, han visto cómo los ratones perdían el apetito, tanto que morían de hambre, junto a los comederos llenos de comida.

Todo esto lo cuento porque estas neuronas, que también las tenemos nosotros -tú y yo me refiero- son las que gestionan nuestras adicciones a sustancias químicas: alcohol, nicotina, heroína, cocaína, THC, anfetaminas, etc.

Somos una caja de sorpresas. Ahí lo dejo.

IKEA

Ante la tesitura de pasar todo el fin de semana en IKEA (sí amigos, aquí todo abre el domingo), planteada a un amigo, este me responde que, la vida, la vida se divide en cuando no vas a IKEA, cuando vas soltero, cuando vas en pareja y cuando dejas de ir. Mi amigo, quien me aventaja en sabiduría y veranos, se equivoca. Se equivoca con la generación de los 80. En parte. Viví la época de no ir IKEA, fui a IKEA solo, en pareja… he vuelto a ir solo, luego en pareja. Mañana iré solo, sé que volveré en pareja y así una y otra vez. Cuando tus contratos se cuantifican en meses, es jodido dejar de ir a IKEA.